Revivir el sentimiento de una peña folklórica tan lejos de tu tierra, te moviliza el corazón. Y eso nos pasó en Cali. El imponente calor salsero caleño mutó por algunas horas en una chorrera de zapateos y zarandeos que clamaban por una misma consigna: compartir. La amabilidad, el respeto, el cariño y la diversión que se sentían en el aire durante toda la noche eclipsaron cualquier presagio de aburrimiento. Muchas veces a lo largo del viaje, hemos escuchado comentarios sobre que el público colombiano sólo consume salsa y tango, y que el folklore quizás no era la mejor opción para un espectáculo. Bastó un par de indicaciones sobre la danza para que todos se pusieran de pie a disfrutar de una verdadera Peña folklórica. Las chacareras, los gatos, los bailecitos y la zamba se adueñaron de la sala. Por unos minutos las distancias se simplificaron, y ya no éramos ni de acá ni de allá, éramos amigos bailando y compartiendo.
Quizás el folklore en general esté subestimado,
y sobre todo las personas estén subestimadas. Es inevitable darse cuenta que
los prejuicios se borran cuando cualquier música latinoamericana suena y te
hace palpitar más allá de donde vivas. Somos mucho más parecidos de lo que
creemos, o de lo que nos quieren hacer creer. Tenemos una historia en común. La
música se encarga de recordarlo…
![]() |
La calidez de "Amalgama Cultura" |
1 comentario:
Viajar, encontrar y descubrir nuevas músicas, es una de las cosas más bellas que se pueden hacer durante las vacaciones.
Saludos
Publicar un comentario